Gente de lejos

Tiene un nombre único y cómico y es ciega, tiene un timbre infantil de tacitas de muñecas y pupilas blancas de desgracias griegas. Aquella mañana pasamos mucho rato hablando: «La lengua es un ojo», ese día tenía en la mesa el libro de Wallace Stevens, pero ella fue aún más semántica y concisa. La madre niña, venir a España. Dijo: «Si no me quería levantar para ir a la escuela, mi madre me despertaba: serás una mendiga». Dijo: «Para mí la voz es la cara». Lo dijo para que yo lo entendiera y pensé en el cuento de Rilke del hombre que se aburre en una playa balnearia, que busca una voz y encuentra la de la ciega: «Ella ve otros barcos en otro mar». He visto una foto de una polilla que bebe lágrimas en el ojo de un pájaro, las mariposas y los mosquitos se abastecen de ese modo de sodio y proteínas, aunque también les sirven los charcos de barro. Coincide que más tarde vino Andrea y me contó por qué su padre es tuerto, con algunos casos dolorosos travestidos de los chistes del ojo de cristal. Conozco un hombre que tiene un ojo de cristal que se llama Pedro. Y cómo se llama el otro ojo. Andrea contaba y reía doblándose hacia atrás como la hierba al viento y los dibujos de los tebeos.

Llaman «visión de ciego» a las luces que a veces ven en su cabeza, una costumbre del cerebro, un zumbido visual hecho de destellos. Llegaron noticias de Dani y de otra gente de lejos. El prologuista de Wallace Stevens dice de la vela que arde en Valley Candle que es «un conjuro que atrae y espanta la noche al mismo tiempo, esto es, que permite por un momento que la noche sea concebible» (1). Así ellos.

El hombre de la duna
El surfista
El mirador
Los pescadores
(1) Es Daniel Aguirre Oteiza, el prologuista y traductor de los Aforismos completos de Wallace Stevens (Barcelona: Lumen, 2011). El poema que cita, Valley Candle: 
My candle burned alone in an immense valley. / Beams of the huge night converged upon it, / Until the wind blew. / Then beams of the huge night / Converged upon its image, / Until the wind blew.
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