«Among twenty snowy mountains, / The only moving thing/ Was the eye of the blackbird»

Un jueves por la mañana, entre las montañas nevadas. Suelo acordarme al verlos, este otoño escasos y escondidos con arrogantes excepciones. Suelo acordarme de la primera de las maneras del poema de Stevens, pero no en inglés ni siquiera en español, sino de una guisa verbal cualquiera y apenas como idea. Qué es la poesía, «la poesía es lo que se pierde en la traducción». La frase de Robert Frost me interesa menos por lo que consabidamente significa en cuanto a los modos del arte verbal y su idiomaticidad que por lo que en cualquier lengua la frase dice con respecto al acarreo previo y sustancial, el que lleva desde otro lado hasta las palabras. De haber una pérdida fatal y definitiva, esta es la que sucede en el primer vertido.

Descubro una antología titulada Diecinueve maneras de mirar a Wang Wei (19 Ways of Looking at Wang Wei, 1987) que contiene diecisiete traducciones, más el original y una transliteración al alfabeto romano, de un poema de cuatro líneas de Wang Wei; luego he encontrado otras noticias de libros compuestos de versiones múltiples de poemas en la presentación de una antología inglesa del mismo género (1), una suma de heridas. A veces se daña el significado y a veces se apaga la música, pero no al mismo tiempo. Perder más veces para no perderlo todo. Al final de los Mil años de poesía europea de Rico figuran diez traducciones de «L’albatros» de Baudelaire, que Rico introduce mencionando el poema de Montale que Montale tuvo la ocurrencia de que se tradujera al árabe y a partir del árabe al francés y de ahí al polaco y a otros idiomas hasta volver al italiano, sin que el traductor dispusiera más que de la versión anterior. Dice Rico que se preveía un resultado desastroso pero que él estima que hay «una llamativa fidelidad al original», y añade entre paréntesis que quizá ello se deba a que «el texto ofrecía poco relieve formal y una semántica rotunda».

Un jueves como mañana o como el jueves pasado cruzo por los jardines del trabajo al trabajo, «por qué tienes nombre tú, día, miércoles», también suelo acordarme y entre todas las baldosas sueltas esos son los precisos términos. Entonces, por ejemplo, el jueves oigo llegar desde los bancos vacíos la voz de una chica que está sola en uno y trenza mechones largos de pelo muy negro como plumas, y a veces mira un cuaderno que tiene al lado porque está estudiando en voz alta, tan anticuada, cándida y soberana en el jardín público. Cruzo aprisa sin darme cuenta de que llevo un vaso y al llegar se habrá vaciado, quizá tampoco había un vaso sino solo el gesto pedigüeño de la mano. Pero al llegar estaba él, tan quieto que solo él se movía.

(1) Into English: Poems, Translations, Commentaries, ed. Martha Collins and Kevin Prufer, 2017. [ Literary hub, http://lithub.com/what-we-can-learn-from-multiple-translations-of-the-same-poem/]
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4 comentarios en “Un jueves por la mañana, entre las montañas nevadas

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