«Rocas de Jávea y el bote blanco», 1905 (Museo Thyssen, Málaga)

He tropezado con el titular: «El hijo de un ministro de Franco reclama mil metros cuadrados de playa en Xàbia». Porque esa extensión de «playa de piedra tosca», rocas de Jávea, pertenecía a la casa que su padre construyó, eso dice el periódico, y por eso he vuelto yo a mis propiedades de Jávea e incorporado el yacimiento de época romana que se halló luego en mis bienes de la Punta del Arenal, con la renta de rocas y mar de Jávea que pintó Sorolla. «Jávea sublime, inmensa», escribe en una carta a su mujer al llegar por primera vez en 1896, deslumbrado, él, que venía del aire de Valencia. Fui a Jávea con mi madre en 1968 y la transposición de los números cifra apenas una seña de mi incumbencia en el pintor, que regresa en 1898, 1900 y 1905; nosotras también volvimos.
«¿Te acuerdas de Jávea?», le pregunto a veces a ella, porque repetir asegura lo sabido y la vida común, porque su fortuna se disipa sin remedio pero si consigo que se fije en la playa de Jávea nos habré librado hoy de ser las más pobres de las mujeres. Ella viajaba enferma, yo tenía cinco años y dos grandes maletas que vigilé en Chamartín. Hubo un tren nocturno en Abando y un tren de Atocha a Valencia, el punto de la Tierra más próximo al Sol y el más alejado de Bolueta. Caelum, non animum mutat, qui trans mare currit, quien corre allende los mares muda de cielo para robar aliento. Semanas felices de Jávea. También hay un bote blanco en la estructura narrativa de mis posesiones  como demuestra la única fotografía pequeña, perdida en alguna caja de galletas que no tengo, donde se nos ve posando en blanco y negro junto a una barca en la arena. Mi madre, delgada como un tallo, lleva un traje de baño oscuro y espeso, mi madre lleva pañuelo y gafas negras de ojos de gato y yo visto una braga que recuerdo azul. La luz abundante, el agua mansa, el amor trémulo de las madres delgadas. Mis pertenencias en Jávea son tenues pero aún poderosas. Tengo a Sorolla, que nos pintó y halló.

Memory Town
In each one of you I paint.
I find.
A buried site of radioactive material.
You think 8 miles down is enough?
15 miles?
140 miles?
(Anne Carson).

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5 comentarios en “Pueblo de la memoria y el bote blanco

  1. Bajo a la ciudad a cuidar a mi madre y su texto tan personal anima a atender la memoria de los que, teniéndola demasiado gastada ya, la ejercen con una libertad tan absoluta que a nosotros sólo desconcierta, (y hace sufrir).

  2. Qué tienes tú, mujer, con Sorolla, que fuiste a su casa y sus jardines y ahora lees su correspondencia. Qué maravilla este texto, Procu, qué imágenes más bonitas consigues. No sé si te has dado cuenta con todo ese vicio que arrastras de leer y enseñar cosas, pero contar historias de este tipo y en este tono se te da muy bien para restringirlo a un blog que encima es secreto. De una persona binaria a otra te lo digo: tal vez deberías ir pensando en dejar el vicio y hacerle más caso a esto. Tú casi seguro sufrirías penalidades y fatigas extremas, pero a mí y a otros muchos nos harías más felices. Piensa un poco en los demás.

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